Lo que cuentan del toro las leyendas medievales.

  1. Ayudan a trasladar el cuerpo del Apóstol Santiago.
  2. Protegen al Obispo Ataulfo.
  3. Defienden a las doncellas de Carrión.
  4. Vigila  la morada  del  Arcángel San Miguel.
  5. Encuentran Vírgenes escondidas.
  6. Transportan reliquias de santos.
  7. Indican lugares sagrados.

Antes que nada quiero dar las gracias a los  escritores pro-taurinos  por haberme  permitido conocer estas hermosas leyendas. Y es  que en mi empeño por saber la historia, y las historietas,  que envuelven la tauromaquia me he topado muchas veces con ellas al estar ampliamente difundidas por aquellos.

Lo que no  he podido llegar a comprender  realmente es  el  propósito que buscaban en  divulgar estas “historias”, pues  más que  justificar la tauromaquia, tras leerlas y comprender realmente sus mensajes, apreciamos aún más la incoherencia y desfachatez de los que las quieren utilizar en defensa de la tauromaquia.

Es más, cuando nos damos cuenta de las bondadosas acciones que a estos animales les atribuyeron las leyendas medievales, que ahora veremos, nos hacemos conscientes a la vez del terrible sentimiento de amor-odio que la Iglesia  Católica llegó a tener hacia este noble y pacífico animal.

 De hecho, como ya hemos visto,  en principio este animal fue  venerado por los primeros cristianos, entre otras cosas, por ser “mimetizado” con el Evangelista San Lucas, y como tal se le representaba acompañando a Jesús  en lo que vino a llamarse “Tetramorfo” desde el s. IX en nuestra tierra.

Pero, habría más. Al toro la Iglesia le tenía preparado unas misiones muy especiales. Así, de acuerdo a su función de mensajero celestial  que le había sido atribuida desde la Antigüedad, se le encomendó la tarea de encontrar imágenes de Vírgenes escondidas, transportar cuerpos de mártires y reliquias, señalar lugares sagrados,  y socorrer a los santos.

Veámoslas.

 Toros colaboran en el traslado del cuerpo del Apóstol Santiago

Nota. Referencias históricas: 

Recordemos que tras la invasión musulmana, la jerarquía eclesiástica cristiana había quedado retenida en Toledo, por lo que debido a su aislamiento del resto de la cristiandad, sus dogmas y ritos se fueron particularizando, desvirtuando  y separando peligrosamente de la doctrina romana. De hecho, sus jerarcas comenzaron  incluso a dudar de la naturaleza divina de Jesús, llegando a  proponer una nueva versión cristiana según la cual Jesús en realidad debería ser considerado hijo “adoptivo” de Dios (Adopcionismo).

Ante tal herejía, los discursos en contra no se hicieron esperar. Así, desde los monasterios que se van creando en el norte peninsular, eclesiásticos como Beato de Liébana en Cantabria,  comenzaron muy pronto (finales del s. VIII) a inventar leyendas con el fin de  atraer la atención de la población cristiana al tiempo que la desviaba del foco toledano. Una de ellas fue aquella que divulgó Beato en la que decía  que el apóstol Santiago había estado predicando en Hispania ..

Una vez divulgada y popularizada esta idea, para darle crédito, los “poderosos” hubieron de  “encontrar” las reliquias del Apóstol.

Con ese fin, muy pronto, desde el s. IX en época de Alfonso II, comenzaron a pulular nuevas leyendas que hablaban de la inesperada aparición de un sepulcro romano en Galicia donde supuestamente estaría enterrado el  apóstol Santiago el Mayor.

El problema es que a Santiago lo habían decapitado en Jerusalén, ¿Cómo llegaron sus restos hasta la Hispania romana?.

Nuevas leyendas tuvieron que idear algunos para “explicar”  semejante misterio. Una de ellas fue la  que quedará plasmada luego en el Codex Calixtino (s. XII). Era aquella que decía que el  cuerpo del Apóstol fue trasladado hasta nuestra tierra  por sus discípulos  Atanasio y Teodoro en una barca. Barca que, para llegar a la costas gallega,  después de atravesar todo el Mediterráneo,  hubo de cruzar el estrecho de Gibraltar, bordear toda la costa atlántica y  penetrar en el río Ulla para desembarcar en la misma Iria Flavia (hoy Padrón).

Contaba la leyenda que, una vez los discípulos del apóstol desembarcaron con el cuerpo de su maestro en Iria Flavia, necesitaron buscar dos toros  para uncirlos al carro con el que pensaban transportar el  cuerpo  del Apóstol hasta encontrarle una sepultura.

Fue entonces cuando, buscando buscando se toparon con la reina Lupa (o Loba) a la que pidieron que les proporcionara los toros que necesitaban. Pero hete aquí  que ésta,  muy mala ella, no se le ocurrió mejor manera de poner en práctica su maldad que indicarles  que fuesen a por dos de los toros  más ariscos e indóciles que tenía entre sus vacadas. Lo milagroso, dice la leyenda, es que los animales, no sólo no acometieron contra los  santos hombres, sino que se dejaron uncir mansamente al carro.

Una vez atados, los toros, movidos por inspiración divina, siguieron su propio peregrinaje arrastrando la carreta con el santo cuerpo hasta que decidieron pararse, en un determinado lugar. Lugar en el que, entendido como señalado por Dios, los discípulos  decidieron enterrar el cuerpo de su Maestro el apóstol Santiago   (el que luego sería Compostela).

¡Qué bonita!…  Pero no te pierdas las siguientes. Porque hay más.  No olvidemos pues esta clave: La colaboración de los toros  con los mandatos de la Iglesia fue siempre fiel y noble. De hecho su ayuda en el traslado de cuerpos de santos o de imágenes de Vírgenes será común y habitual en numerosas leyendas e historias medievales.

La siguiente leyenda tampoco tiene desperdicio.

Toro protege a Obispo Ataulfo.

Por la misma época  en la que se van inventando estas historias (s. IX), parece ser que (si damos por válidos los sucesos que contaban los cronistas del s. XII (Obispo Pelagio de Oviedo, Lucas de Tuy) y la misma Historia Compostelana) ya por entonces se hostigaban a los toros con trompetas y perros para enfurecerlos y hacerlos partícipes de las paranoicas Ordalías o “Juicios de Dios” que por entonces venían siendo habituales. Eran aquellas, espantosas pruebas a las que, en ausencia total de justicia alguna, para demostrar su inocencia, debían someterse quienes eran acusados de algún delito (o pecado).

Al Obispo de Iria, Ataulfo, lo habían acusado sus enemigos de sodomía. Parece ser que por ser precisamente un hombre honesto.

Ante tan grave acusación, Ataulfo no tardaría en negarla tajantemente, pero, una vez acusado, su palabra no valdría de nada si no demostraba públicamente su inocencia. Para ello debería superar la prueba (Ordalía o “Juicio de Dios”) que los “poderosos” le  tenían preparada, y que según contaba  la leyenda, consistiría en ser expuesto ante un toro que previamente había sido  enfurecido con sonidos de  trompetas y perros. 

La expectación estaba servida. En el día señalado se reunieron todos en el lugar habilitado para ello; los jerarcas (que harían las labores de “jueces”) aparecían solemnemente sentados en sus tronos sobre un cadalso,  mientras el bullicioso populacho  se mantenía en  pie ansioso por presenciar el “espectáculo”. Todos esperaban, cuanto menos, divertirse viendo cómo el animal, irritado por los perros y las trompetas,  atacaría al Obispo.  Pero ¡Oh milagro!: la prueba fue felizmente superada.

 Así es,  no pudieron el sonido de las  trompetas ni las mordeduras de los perros embravecer al noble  animal. De hecho, la leyenda cuenta cómo,  ofuscado y temeroso, lejos de ocasionarle  daño alguno a este buen hombre, el toro se postró ante él y le ofreció sus cuernos.

¡Qué bello es encontrar otra vez al toro como mensajero divino!. El santo animal que, a pesar de ser hostigado por los hombres para volverlo agresivo, vuelve a cumplir su misión demostrando en este caso  la inocencia del obispo.

Nota: Esta leyenda ha quedado inmortalizada en algunas representaciones escultóricas como la que podemos observar en  un capitel  del refectorio de la catedral de Pamplona  donde aparece representado este animal toro junto al obispo Ataulfo.

Nota:  Además de en la Historia Compostelana, el padre Mariana también hace referencia a ella en su Historia de España ( Cap. XVI –“ Del rey D. Ordoño” , y también  lo refiere H. Florez en “España Sagrada”)

Al leer estas bonitas historias,  no podemos sentir  sino agradecimiento por las bellas acciones que  a este animal le atribuían las crónicas y leyendas. Leyendas que como estamos viendo aludían a su nobleza y a la poca intención que tenía de atacar a las personas. Al contrario, siempre estarían  dispuestos ayudar a los débiles como en aquella otra ocasión en la que  estos animales salvaron  a las doncellas que llevaban cautivas los moros por la  vega de  la Villa de Carrión

En defensa de las doncellas de Carrión

Nota histórica: Las  leyendas sobre el pago anual de 100  doncellas como tributo a los moros están Íntimamente unidas al relato de la mítica batalla de Clavijo (supuestamente acaecida en el 844). De hecho,  la victoria de los cristianos en aquella, gracias a la intervención milagrosa del apóstol Santiago bajando del cielo blandiendo su espada furioso en su resplandeciente caballo blanco, habría supuesto el fin del pago del  indecoroso tributo. En realidad la historia del pago del tributo de las doncellas a los moros, según cuenta Marcelino Menéndez Pelayo  ( Biblioteca Virtual)  apareció por primera vez en el siglo XIII en las obras de D. Lucas de Túy  y del arzobispo D. Rodrigo ( De rebus Hispaniæ, lib. IV, cap. VII) ,  y con ella se pretendía apoyar la fábula de la batalla de  Clavijo  para justificar el   privilegio  que la  iglesia de Santiago  tenía de recibir el llamado “Voto de Santiago”.

Pero centrémonos: miremos hacia Carrión y a sus  doncellas.

Cuenta la leyenda que, como cada año, ese día la villa de Carrión había entregado a los moros cuatro de sus doncellas como pago del tributo acordado. Cautivas, habían traspasado aquellas la muralla y caminaban temerosas por la vega cuando, desconsoladas, al pasar delante de una ermita, dirigieron su mirada hacia ella implorando a la Virgen su protección.

Fue tal el fervor con el que le pidieron que las liberara de su cautiverio, que la Virgen, conmovida ante sus plegarias, envió cuatro toros para salvarlas, los cuales como mensajeros justicieros, furiosos arremetieron contra los moros y de esta forma fueron liberadas.

Y así lo cuenta Ambrosio de Morales en su Crónica General de España :  Otro hecho milagroso se cuenta en la villa de Carrión… Iban otra vez los moros con este malvado tributo por aquella vega, y juntándose algunos toros, con mandado de quien más que esto puede mandar, dieron con tanta braveza en el escuadrón de los moros, que los desbarataron y los hicieron huir con terrible pavor. Así quedaron las doncellas desiertas, y los toros  por su guarda, hasta que los cristianos las llevaron. Alabando después a nuestro Señor por el insigne milagro, y dándole las gracias por él, edificaron por memoria una iglesia llamada nuestra Señora de la Victoria” . ( En  Crónica General de España de Ambrosio  de Morales,  Tomo VII, Libro XIII, cap 30, pag 142. Edición de Canon)

Como recuerdo de esta leyenda han quedado los relieves tallados en la fachada de la iglesia, hoy llamada Santa María del Camino pero primitivamente llamada “Santa María de la Victoria” . Concretamente en el arco de la puerta principal  donde están talladas en piedra las doncellas y los toros. Asimismo, se pueden ver los cuatro toros en otros capitales.

Además, en la misma iglesia se conserva inscripción que dice: “En tiempo del Rey Miramamolín le fue tributario del Rey Mauregato de cuatro doncellas que tocaban a esta Villa y llegando al sitio con los moros que las llevaban, se encomendaron a esta imagen de la Virgen para que las librase de su cautiverio, lo que fue Dios servido por medio de cuatro toros que se aparecieron, pues acometiendo furiosos a los moros, les quitaron las doncellas y mataron la mayor parte de ellos, quedando las doncellas solas y los toros en su guarda, hasta que los vecinos las recogieron. Con el milagro quedaron las doncellas libres y esta villa exenta de tal tributo y sucedió por las pascuas del Espíritu Santo y en estos días hay dos procesiones y sermón desde el año 826”.

Toro guarda  la morada  de San Miguel Arcángel.

Pero no te vayas porque aún no hemos terminado de ver las bondadosas acciones que a  estos nobles animales le atribuyen las leyendas.

Retablo San Miguel Arcángel en Museo de la Catedral Valladolid

Recordemos ahora  la que, recogida por Santiago de la Vorágine en su “Leyenda Dorada” (s. XII), contaba cómo el Arcángel Miguel asumió la fisionomía de un toro en una de sus apariciones.

Según se cuenta,  fue en el año 390 cuanto un tal Gárgano, tras haber perdido uno de sus bueyes,  lo encontró en la entrada de una cueva. Pero, hete aquí que:  “Gárgano que se hallaba indignado por el proceder del descarriado toro que había tenido la osadía de separarse del resto de la manada, al verlo, disparó contra él una flecha envenenada. La flecha salió del arco, pero antes de llegar a donde iba dirigida, el viento modificó su curso de tal manera que fue a clavarse en el arquero que la había disparado”. 

Ante este extraño suceso, sigue relatando la leyenda, los del pueblo se dirigieron al obispo para a preguntarle cómo debía ser interpretado aquel  extraño suceso. A lo que el  obispo que, no tenía ni idea de lo que podía significar,  les respondió  que puesto que él no lo sabía, pidieran a Dios se dignara darles el significado.

No hizo falta, pues el Arcángel quiso presentarse directamente al obispo para explicarle lo sucedido con la flecha de Gárgano de la siguiente manera:

 “Quiero que sepáis que la flecha se volvió contra quien la había disparado y le hirió, porque así lo dispuse yo, que soy el arcángel Miguel, y he decidido morar en este lugar de la tierra y ampararlo bajo mi protección. Yo hice que el animal se descarriara y que la flecha retrocediera, para daros ocasión de que os enterarais de que soy el vigilante y custodio de esa cueva que hay en la cima del monte.”

Fue así como de nuevo el toro, mensajero de la divinidad, cumplía su misión celestial, el de señalar y proteger un lugar santo.

Pero no quedó ahí la cosa; al toro  le tenía preparada otra misión el Arcángel Miguel, y así se le dejó dicho  al obispo en su segunda aparición , tal como lo refiere la citada leyenda:

San Miguel se apareció al obispo de Abranches y le ordenó que a seis millas de esta ciudad,  en el lugar llamada Tumba (…) construyera una iglesia en su honor, y que todos los años se celebrara en ella una fiesta semejante a la que se  hacía en el monte Gárgano. Como el obispo no entendía muy bien en qué sitio concreto había de edificarse el templo, el arcángel le sacó de dudas diciéndole:

-Unos ladrones han robado un toro y  lo tienen escondido en Tumba. Buscad al animal; allí donde lo encontréis, pues lo encontraréis, edificaréis la iglesia.

-¿Qué dimensiones debe tener el templo? , preguntó el obispo.

El arcángel respondió:

-El área que ha de ocupar ya está marcada en el suelo por las pisadas del toro. Traza una raya alrededor del terreno hollado por las pezuñas del animal, y construye los muros exteriores a la vera de la raya”.

En realidad, de la labor de los toros marcando el perímetro de las ciudades por inspiración divina ya habían hablado antiguas leyendas etruscas que contaban cómo levantaban ellos sus ciudades de acuerdo con el trazado dejado por los arados conducidos por bueyes.  ( Es más,  de hecho así habría sido fundada también la ciudad de Roma).

Pero no nos detengamos… sigamos viendo más historias de toros buenos.

Toros encuentran  imágenes de Vírgenes escondidas

Esta idea de toros buenos, colaboradores con las cosas santas, será también utilizada cuando un poco más tarde, sobre el s. XIII,  los monjes comiencen a plasmar en códices las leyendas que hablaban de cómo algunas imágenes de Vírgenes escondidas en lugares recónditos fueron encontradas por pastores o pastorcillas  gracias a la ayuda de toros o vacas.

Así es, decían aquellas, que tras la invasión musulmana, para ser protegidas de la profanación de los infieles, las imágenes  de las Vírgenes habrían sido ocultadas por los clérigos o eremitas en  las  montañas…. Y allí  habrían permanecido durante siglos hasta que alguien terminara encontrándolas. Pero el hallazgo nunca será fortuito. NO. Siempre habrían intervenido señales divinas (haces de luces, apariciones marianas.. ), y a menudo en ellas los animales (toros, vacas, corderos…) habrían tenido un papel protagonista al comportarse como mensajeros que,  guiados por una fuerza divina,  habrían indicado el lugar exacto dónde estaban escondidas.

Contaban asimismo las leyendas que una vez halladas,  todas  estas imágenes de Vírgenes mostraron tozudamente su intención de permanecer en el mismo lugar donde fueron encontradas, por lo que a los lugareños no les quedará más remedio que construirle una pequeña estancia (ermita) para cobijarla. Ermita  a la que todos los del pueblo se dirigirán en días señalados para llevar ofrendas o regalos a “su” Virgen,  como muestra de su devoción y/o en agradecimiento a los favores recibidos o que pensaban recoger.

Nota:  A partir del siglo XII hay una verdadera explosión de devoción popular mariana, difundida sobre todo  gracias a  los Sermones de San Bernardo de Claraval (que muere en 1153)

Pero veamos algunos de estas leyendas.

Virgen de la Gleva

Una de ellas, contaban que a la imagen de Ntra Sra. De la Gleva la encontró  enterrada una pastorcilla  cuando uno de sus bueyes, obstinado, no paraba de escarbar y meter el morro en un agujero que había hecho en la tierra. Sorprendida de esta actitud, se acercó  la pastoricillas a ver qué era lo que buscaba con tanto ahínco el animal. Cual fue la sorpresa al ver que allí,  en la profundidad del hoyo, estaba enterrada una imagen de la virgen.  Será por eso que a la Virgen de la Gleva, en agradecimiento a este animal, se la representará a menudo acompañada de un toro a su pies.

Otra leyenda, la de la Virgen del Toro  en Menorca,  fue ideada en el s. XIII por los monjes mercedarios,  y contaba ésta cómo uno de sus venerables padres,  ya anciano, que pasaba en vela las noches orando en su convento, comenzó a ver en la lejanía una especie de haz de luz,  o  columna de fuego, que desde la montaña se elevaba hasta el cielo. Tan sorprendido quedó el anciano Padre que decidió comunicárselo al resto de los monjes de la comunidad, los cuales con  entusiasmo y curiosidad decidieron ir hasta el lugar de la montaña del que parecía nacer el extraño fenómeno luminoso para ver in situ que estaba ocurriendo allí.

Así que en procesión salieron todos una noche  hacia el indicado lugar.  Iban ellos esperanzados pero perdidos, pues confusos no sabían qué camino tomar hasta que de pronto, sería por providencia divina, se le apareció un toro que lejos de hacerle nada,  se arrimó a ellos para guiarles  el camino que debían seguir.  Con el toro como guía siguieron caminando hasta que hubieron de detenerse por no poder atravesar unas enormes piedras que obstaculizaban el camino. Pero no había por qué desesperar pues  el animal, con el único fin de ayudar, comenzó a embestirlas con fuerza hasta destrozarlas y abrir así  un paso  ( el que hoy los menorquines conocen como “pas del bou”).

… y Siguiendo el camino que el milagro les indicaba, llegaron los religiosos a la cumbre de la montaña y ante un montón de piedras arrodillóse el toro ante ellas y comenzó a quitar las que obstruían una pequeña cueva, a modo de capilla, en cuyo interior hallaron una imagen de María Santísima con su Hijo en brazos y una lámpara que ante ella ardía.” .. (Encontrado un  artículo periodístico de  1931 …. Firmado por Andres Casasnovas)

 

He aquí el toro, el amigo de los hombres, el bondadoso animal que sólo quiere ayudar. He aquí otra hermosa leyenda que muestra la verdadera naturaleza de este noble animal.

Pero para virgen ultra-famosa encontrada gracias a la intervención de un bovino; la de Guadalupe. Esta leyenda, la del  fabuloso hallazgo de la Virgen de Guadalupe, comenzó a popularizarse a partir del  s. XIV  siendo rey Alfonso XI de Castila.

En este caso el protagonista será un pastor de Cáceres, Gil Cordero.

 ¿Quieres saber de qué manera?.

Como contaban otras muchas leyendas de descubrimientos de Vírgenes, a Gil Cordero, el pastor cacereño que llevaba sus bueyes a pastar por la sierra de Altamira,  se le había extraviado una de sus preciadas vacas. Muy contrariado él, para encontrarla anduvo tres días buscándola por la sierra hasta que por fin  la halló. Pero, ¡Oh!, estaba muerta  junto a una pequeña fuente.

El milagro vino después. Al ver que la vaca había muerto, Gil cogió su cuchillo para desollarla y así, por lo menos, aprovechar su piel, pero hete aquí que de pronto la vaca resucitó,  y se levantó al tiempo que aparecía la Virgen que le decía “ ..toma tu vaca y llévala al hato con las otras, vete luego a tu tierra, y dirás a los clérigos lo que has visto,  (…) y que vengan a este lugar, que caven donde estaba tu vaca muerta debajo de estas piedras; y hallarán ende una imagen mía. Cuando la sacaren (…) que hagan una casilla en la que la  pongan, y con el tiempo vendrá en que éste lugar se haga una iglesia , y casa muy notable”.

Tal profecía bien que se llegaría a cumplir, pues la pequeña ermita que le construyeron los lugareños será pronto engrandecida por  el mismo rey Alfonso XI. El cual mandaría levantar una iglesia en agradecimiento a la supuesta ayuda prestada por esta Virgen en la batalla que había mantenido contra los moros en el río Salado. Más tarde su notoriedad llegará a ser tal que, encomendada su custodia a los Jerónimos, se convertirá en lugar de peregrinación de nobles y reyes. Es más, fue precisamente cuando iba camino del Monasterio de Guadalupe cuando encontró la muerte el rey Fernando “El católico”  en  un pequeño pueblo de Cáceres ( Madrigalejo)

Nota: la información sobre la leyenda de la Virgen de Guadalupe la he tomado de la pag web de la Universidad de Extremadura.

https://alcazaba.unex.es/~emarnun/docs/caceres/lasvilluer/guadalu3.htm , a través de la Facultad de Ciencias de la Documentación y Comunicación de la Universidad de Extremadura   https://www.unex.es/conoce-la-uex/centros/alcazaba

 

Otra vez el toro, el mensajero divino,  protagonizando milagros;  en este caso indicando donde estaban escondidas las imágenes de Vírgenes  que luego tanto venerarían los de cada pueblo.

Por todo, lo más espantoso es saber cómo precisamente en lugares donde se construyeron  ermitas a las Vírgenes, se convertirán a partir del s. XIV en un espacio de tortura y muerte  precisamente de pequeños becerros y  novillos.

Así es, será a partir de entonces (s.XIV) cuando  a cofradías y párrocos rurales no se les ocurrió mejor manera de homenajear a sus vírgenes que, además de  con plegarias y  letanías,  ofrecerles en sacrificio estos animales con el fin de divertir a los pueblerinos ,cuando  en festiva  y “devota” romería se dirigían a ella en los días señalados.   Otra escandalosa incoherencia  que volveremos a ver  en su momento.

Nota: Es más, las primeras plazas de toros que se construyeron en nuestro país, no fueron las circulares de Ronda o Sevilla construidas a mediados del s. XVIII, sino las cuadrangulares que desde el s. XVII se fueron adosando  a ermitas o castillos… Pero esa es otra historia.