NO HAY REFERENCIA A TAUROMAQUIA EN LA Hª ANTIGUA DE ESPAÑA

SEGUNDA CONCLUSIÓN:

LOS AUTORES CLÁSICOS NO ALUDEN A NINGÚN TIPO DE JUEGOS O COMBATES CON TOROS EN HISPANIA

De todos los escritores griegos y latinos que hicieron alusión a la Península Ibérica, describiendo su territorio, sus gentes y sus costumbres, ninguno hizo la menor referencia a “juegos con toros” de algún tipo.

Nadie comentó que los belicosos celtas o los orgullosos iberos se entretuvieran persiguiendo y acribillando toros por los oppidum (ciudades de entonces) o en el campo. Ni por supuesto cazándolos, pues es seguro que ya en nuestro territorio no existían ejemplares de toros salvajes; los uros.

Uros o toros salvajes que según cuenta el romano Varrón en su libro sobre las cosas rústicas, “De Rerum Rusticarum”  (en  punto 5 del Libro II)   aún pululaban por otras zonas de Europa:

“…. Aún ahora hay varias clases de ganado salvaje en muchos lugares, como de ovejas en Frigia, donde se ven muchos rebaños, y de cabras en Samotracia.. De hecho hay muchas en Italia (…) . Nadie lo ignora de los cerdos (…) Se dice que, incluso ahora , hay muchos toros salvajes en  Dardania, Media y Tracia, asnos salvajes  en Frigia y Licaonia,  y  caballos salvajes en algunas regiones de la Hispania Citerior”..    (pag 145 del libro de Varrón editado por la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía en 2010  (traducción de  José Ignacio Cubero Salmerón).

Fíjate que no dice nada de toros salvajes en Hispania.

De hecho, las únicas referencias a “toros” en Hispania es la que hace Diodoro en el libro IV de su “Biblioteca Histórica” cuando menciona que en Iberia los toros siguen considerándose  sagrados.

Es a este referencia a la que se acogen los eruditos taurinos como a clavo ardiendo para intentar justificar unas supuestas raíces ancestrales de nuestra tauromaquia. Sin embargo, nada nuevo aporta esta cita, pues por todos es sabido que este culto “sagrado” al toro había sido introducido en nuestra tierra por los fenicios o cananeos. Los cuales arribaron a las costas de Andalucía allá por el 900 a C procedentes del Mediterráneo Oriental (actual Libano)  donde llevaban milenios adorando dioses con connotaciones taurinas, como su sanguinario dios Baal.

¡Ah!, y por cierto, si alguna vez escuchas de parte de los escritores o eruditos taurinos que Plinio en su “Historia Natural” hacía referencia a la existencia de unos toros “excepcionales” en  España, distinguidos por su ferocidad y corpulencia ( ….) , no los creas.     Es falso.

HISTORIA NATURAL de Cayo Plinio Segundo. Traducida por Gerónimo de Huerta

Dicha descripción fue introducida en el s. XVII  (1624) por el traductor de la obra de Plinio, un tal Gerónimo  de Huerta. (Médico y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición), el cual no quedando contento con lo expuesto por el autor romano , tuvo la osadía de añadir, de su propia cosecha lo que le pareció más brillante para hacer la obra más “ilustre” y más del gusto de su rey Felipe III, a la que va dedicada. 

Se trata pues de una más de las tergiversaciones de la Historia. Tergiversaciones  y manipulaciones de las que la historia taurina está llena.

 

Es más, las auténticas menciones que Plinio hace sobre los bueyes en su libro VIII. Cap. XLV son sólo de alabanza y gratitud hacia ellos:

Tenemos a este animal por compañero en el trabajo y labor del campo”, y  por ello, merecedor de respeto, siendo su muerte pagada con el exilio. Así lo contaba Plinio: “Fue tenido en tanto de los antiguos, que se lee entre las cosas ejemplares  haber sido condenado uno del pueblo de Roma, señalándole el día del descargo, porque …. mató un buey para que lo comiese , y así le desterraron como si hubiera muerto el labrador su compañero.”

El mismo sentimiento de gratitud  y respeto  a los toros lo encontramos en el libro de Varrón antes aludido  cuando habla del  Ganado Vacuno

En puntos 3 – 4 del libro II:   “…. El buey es el compañero de los hombres en el trabajo del campo y el servidor de Ceres, y por esto los antiguos quisieron que de tal suerte se abstuvieran de dañarlo que sancionaron con pena de muerte a quien lo matara.”… (En pag. 172 del libro de la edición citada arriba.)

Si bien estos mismos toros fueron estimados también por  ser “… los mejores sacrificios y con que  se aplacan grandemente los dioses” ( Plinio…….) .  ( la cuestión de los sacrificios a los dioses te la cuento otro día)

Así que no nos cuenten historias.

Con todo, queda claro que nuestros antepasados no se divertían torturando toros en supuestos “juegos” o “espectáculos” taurinos, simplemente porque si los hubiera habido, los escritores grecorromanos habrían hecho alusión a ellos como lo hizo Plinio al hablar de los “espectáculos” taurinos de Tesalia cuando dice: “Invención es la de la gente de Tesalia, andando a caballo alrededor del toro, asirle del cuerno, y torciéndole el pescuezo matarle”. ( Esta cita la tengo que verificar).

¿No te parece, pues, raro que ningún escritor grecorromano hiciera alusión a  “juegos taurinos” de los hispanos?.

Por otro lado; no te creas tampoco lo que dicen algunos sobre los supuestos orígenes milenarios  de  los toros de fuego actuales cuando hablan de la estrategia utilizada por los iberos en sus luchas con los cartagineses, y dicen que éstos colocaron bolas de fuego en los toros  para dirigirlos enfurecidos hacia sus enemigos. Es falso.

Los testimonios narrados por los escritores romanos al respecto  no hablan de la colocación del fuego en las astas de los animales sino del fuego  en la leña que portaban los  carros conducidos  por bueyes.

Así comenta el escritor romano Apiano (en su “Historia de Roma. Sobre Iberia”), lo que sucedió en la batalla en la que los iberos dieron muerte al  invasor cartaginés Amílcar Barca:

“Finalmente, los reyes iberos y todos los otros hombres poderosos, que fueron coaligándose gradualmente, lo mataron de la siguiente forma: llevaron carros cargados de troncos a los que uncieron bueyes y los siguieron provistos de armas. Los africanos al verlos se echaron a reír, al no comprender la estratagema, pero cuando estaban muy próximos, los iberos prendieron fuego a los carros tirados aún por los bueyes y los arrearon contra el enemigo. El fuego, expandido por todas partes al diseminarse los bueyes, provocó el desconcierto de los africanos. Y al romperse la formación, los iberos, cargando a la carrera contra ellos, dieron muerte a Amílcar en persona y a un gran número de los que estaban defendiéndolo.”

Ay, ay, ay…..

Sí hicieron referencia, sin embargo, lo escritores greco-romanos a la afición de nuestros ancestros por robar ganado, como veremos a continuación.

Pero antes , mira la TERCERA CONCLUSIÓN :

AGRADECIMIENTO Y VENERACIÓN AL TORO DOMÉSTICO:  COMPAÑERO EN LOS TRABAJOS DEL CAMPO, MENSAJERO DE LOS DIOSES Y PROTECTOR DE LOS DIFUNTOS