Imágenes de toros en Tartesos

Siguiendo el  propósito de continuar indagando en nuestra  historia, con el fin de ver qué de verdad y qué de mentira hay en todas aquellas teorías que hacen remontar la tauromaquia hispana a la “más remota antigüedad”, en esta página vamos a visitar  la legendaria cultura tartésica. Aquella lejana civilización que nació en el suroeste de nuestra penínsulas allá por el s. VIII a.C.

Y lo haremos para ver dónde están los toros que, según algunos “entendidos” pro-taurinos, hacen de aquella legendaria civilización la cuna de nuestra extravagante y dañina tauromaquia .

¿Me acompañas?.

No te lo pierdas. Esto promete.

 

Para empezar. Sólo hay que rascar un poquito para ver que no fueron nuestros ancestros los promotores en la elaboración y difusión de las primeras figuritas de toros que empezaron a pulular por nuestra tierra. Fueron los fenicios.

LAS PRIMERAS FIGURITAS DE TOROS LAS TRAJERON LOS FENICIOS

Que no te líen. El nacimiento de la cultura tartesa la impulsaron los fenicios. Aquellos extravagantes individuos que,  procedentes del Levante Mediterráneo (zona del actual Líbano),  llegaron a nuestra tierra después de  surcar el mar en busca de productos con los que comerciar.  Y fueron ellos, no lo dudes, los que trajeron desde aquellas lejanas tierras (además de novedosos adelantos técnicos como el arado, el torno del alfarero o el trabajo del hierro), su cultura, sus mitos, sus ideas, sus gustos orientales… y sus toros.

Recordemos la entrada “Toros oliendo flores” .

Todo comenzó cuando estos comerciantes fenicios fundaron colonias en las costas andaluzas (allá por el s. X a.C.) y  comenzaron a interactuar con los indígenas que habitaban la zona Cádiz-Sevilla-Huelva.

Así es, no cabe duda de que fueron ellos  los que mostraron a las tribus que encontraron asentadas en esta zona todo su bagaje cultural en el que no podían faltar las imágenes y figuritas de toros que tanto encandilaban a los orientales.

Ellos, los que les hablaban a los nuestros de lejanas y lujosas cortes donde reyes, considerados descendientes de los mismos dioses, vivían en fastuosos palacios-santuarios, rodeados de lujo, y en los que era habitual celebrar rituales  sagrados donde los sacrificios de animales resultaban imprescindibles.

Fue por entonces cuando también comenzaron a ver nuestros ancestros, junto a las figuritas de toros, otros majestuosos animales. Tales como fabulosas esfinges… y leones, y  águilas,  dibujados en cerámicas, grabados en placas de marfil,  y/o esculpidos en bronce sobre las tapaderas de quemaperfumes.

 

Pero lo más curioso es que concretamente los toros no aparecían en actitud feroz o amenazadora (como cabría esperar), sino todo lo contrario: los vieron  mientras caminaban tranquilamente entre palmetas, olían flores de loto, o estaban tumbados.

Referencias Históricas

Mira aquí WEB DE CENTRO ESTUDIOS FENICIOS Y PÚNICOS

http://cefyp.blogspot.com/

En realidad, no olvidemos que estos comerciantes fenicios habían llegado a nuestras costas en busca sobre todo de metales preciosos, fundamentalmente plata. Y es que éste era, junto con el estaño y el oro, uno  de los metales más demandados por los reinos orientales (asirios, egipcios, hebreos..), tanto para fabricar joyas con las que se engalanaban los reyes y sus élites,  como para fabricar los objetos que utilizaban en sus rituales religiosos.

Recordemos también que estos fenicios, además de  fundar colonias en el sur de nuestra península, levantaron otra muy importante (en torno al 800 a C.) en el norte de África, Cartago. 

Y lo hacemos para no olvidar que  fueron precisamente sus habitantes, los cartagineses, los que pronto, tras hacerse con el poderío comercial fenicio, comenzaron a fundar sus propias colonias. Utilizadas como puertos y fortalezas, situaron sus fundaciones en zonas estratégicas del Mediterráneo, tal como lo era Las Baleares, donde  fundaron Ebysus ( Ibiza) en el  654 aC.

No lo olvides porque esto también es importante para dar respuestas a los toros encontrados en Costitx (Mallorca) y que veremos en su momento.  

REFERENCIAS LEGENDARIAS

Tartesos, hasta hace poco sólo una leyenda; una mítica civilización de la que sólo se conocía por referencias difusas y legendarias. Como aquellas a las que hacía alusión la Biblia  cuando  decía: “…. que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo (al rey Salomón)“ en Salmos 72,10.   O cuando Ezequiel (27,12) al hablar de la ciudad de Tiro declaraba: “Era tal tu riqueza que Tarsis comerciaba contigo. A cambio de tu mercadería, ella te ofrecía plata, hierro, estaño y plomo”.

Alusiones que también encontramos en escritos, poemas o anécdotas que contaban los  historiadores y viajeros griegos cuando hablaban de lo que creían pudo haber sido aquella civilización, ya por entonces perdida.

Así, en el s. V a.C. el griego Herodoto  mencionaba Tartessos  en su “Historia” de la siguiente manera:

Era entonces Tartessos para los griegos un imperio virgen y reciente que acababan de descubrir. Allí negociaron tan bien con sus géneros que ninguno les igualó en la ganancia del viaje”  (Herodoto 4,152), haciendo alusión también  al  legendario rey Argantonio (Historia de Herodoto 1, 163), que posiblemente viviera realmente allá por el s. VII aC.

Más tarde, Estrabón (a caballo entre siglo I a. y d. C), y  el romano Avieno en su ”Ora Marítima” ya del s. IV d C, seguirán aludiendo en sus escritos a la riqueza  de aquella antigua civilización y por ende de nuestras tierras, mencionando no sólo la abundancia  de metales, sino también la de sus ganados y vegetación.

Cita de   Estrabón en cap 5 del Libro III, de su obra “Geografía” :

 “…la leche de los ganados que aquí pasta no hace suero. En efecto es tan grasa que para obtener queso hay que mezclarle mucha agua”… “La hierba que pacen es seca, pero engorda mucho; de ello deducen haberse formado la fábula de los ganados de Gerión”.

Pero, de todas estas citas,  las que más apasionan a los defensores de la tauromaquia son aquellas que aluden a las leyendas del mítico y monstruoso rey tarteso Gerión,  a sus rebaños de bueyes, y  al robo de aquellos por parte de  Hércules.

Veámoslas.

MITOS

Gerión. Sus rebaños de bueyes, y el robo de  Hércules.

De Gerión, considerado un mítico rey de Tartesos que habría vivido en la isla de Eriteia (actual Cádiz),  contaban las leyendas griegas que era un ser gigantesco formado por tres cuerpos con sus respectivas tres cabezas.

Para él, como para todo poderoso que se precie, su más querido “tesoro” eran precisamente sus espléndidos rebaños de bueyes (o toros).

Toros que,  según contaban  las leyendas, los guardaba el pastor Euritión ayudado por su perro Ortro. (Ortro tenía dos cabezas,  y era hermano del Can Cerbero, aquel que con tres cabezas guardaba las puertas del infierno).

Hagamos un inciso para recordar:  La posesión del ganado  en la Antigüedad  era  la que otorgaba la riqueza y  el poder a las personas.

No cabe duda. En todas la primitivas culturas, el ganado estaba en poder de los poderosos. Sin embargo no eran ellos los que los cuidaban directamente, sino que los dejaban en manos de pastores que serían los encargados en protegerlos, tanto de los ataques de animales salvajes,  como de los ladrones.

Y fue precisamente “robar” esos rebaños lo que tuvo que hacer, según la mitología griega, Hércules en su décimo trabajo .(Atención ¡robar!, no cazar).

Para ello, primero hubo de matar al pastor Euritón y a su perro Ortro.

Una vez con el ganado en su poder, después de  múltiples vicisitudes en las que tuvo que defenderlo a su vez  de otros ladrones (Caco), lo condujo  hasta Micenas para entregárselo a su odiado primo Euristeo, rey de Tirinto, quien los sacrificó a la diosa Hera.

 

Nota: El traslado, según versiones, lo llevaría a cabo, bien por mar montado en la copa de Helios, después de abrir una vía marítima que uniría los dos mares (Mediterráneo y océano Atlántico) y levantar dos columnas en el Estrecho, o bien vía terrestre, inaugurando la famosa vía Heraclea que atravesaba toda la península ( pasando en este viaje múltiples vicisitudes al tener que defender en varias ocasiones su rebaño robado del ataque de otros ladrones como ocurrió con el  famoso Caco).

Una vez conocida la famosa leyenda de los bueyes de Gerión y del robo de Hércules, digo yo: ¿Alguien ve alguna relación entre estas  leyendas con nuestra tauromaquia?.

Ninguna.

Aún así, no nos vamos a detener. Sigamos buscando los famosos toros de esta lejana cultura.

DESCUBRIMIENTOS MEMORABLES

TESORO DEL CARAMBOLO

Todo esto que contaban los antiguos se interpretaba como leyendas, mitos y escritos fabulosos sin fundamento. Y como tales se mantuvieron durante miles de años en un rincón del recuerdo colectivo.

Así, hasta que no hace mucho, concretamente en 1958, unos obreros que trabajaban en el cerro del Carambolo, cerca de  la localidad de Camas, hallaron un recipiente de barro en cuyo interior  aparecieron un grupo de joyas  de oro macizo ( 16 placas, dos brazaletes, dos pectorales y un collar). Joyas que admiraron de tal forma al arqueólogo encargado de analizarlas, Juan de Mata Carriazo, que le hicieron exclamar: “se trata de  un tesoro digno de Argantonio”.

A partir de entonces, nuevas excavaciones arqueológicas  siguen desenterrando cada día más muestras de aquella legendaria civilización.

Civilización que  ya los entendidos dan por cierto que  existió  realmente,  y que nació como resultado de la entrada en nuestras tierras de influencias llegadas de las culturas mediterráneas a través de los comerciantes fenicios.

Fue así, no cabe duda,  cómo por ellos, o con ellos, nacería el primer Estado o reino centralizado de nuestra tierra, y de Europa.

Un reino hecho a medida de aquellos otros orientales, de los que los fenicios habían traído (además de los adelantos técnicos y la escritura) los aromas de las especias y los perfumes; el tacto de las sedas y el brillo de las joyas con las que se engalanaban los  reyes y sus cortesanos;  los cánticos de sus rituales religiosos y el penetrante olor del incienso y  de la sangre de sacrificios.

Fueron ellos los que, junto a las casas circulares de nuestros ancestros, levantaron otras rectangulares…. Y talleres de artesanía, y templos a sus dioses (a Melckart en la isla de Eriteia ( Santi Petri) en Cádiz,  y seguro que también a Astarté y al sanguinario dios Baal como señala el prof. Escacena sería el del Carambolo).

Sí, ellos,  los que  divulgaron entre los nuestros,sus formas de vida y  sus costumbres, sus leyendas  y sus rituales.  Los mismos que les enseñaron su arte,  y  sus joyas.

Las joyas del Tesoro de El Carambolo. Adornos para reyes, ¿ O más bien objetos litúrgicos para sacrificios?

Hallado de forma casual por unos obreros en 1958, como ya comentamos, el descubrimiento de este tesoro abrió una nueva vía de investigación arqueológica que ha ido desde entonces sacando a la luz esta misteriosa y legendaria civilización, con nuevas excavaciones de supuestos santuarios.

Sin embargo la duda sobre la finalidad de estas joyas persiste hoy en día. ¿Para qué, o para quien iban destinadas las joyas de este tesoro? (16 placas, dos brazaletes, dos pectorales y un collar).

En principio, entre muchas otras especulaciones y teorías, primó aquella que decía que podrían haber pertenecido a los mismos reyes tartesos,  quienes las utilizarían para engalanar su cuerpo.

“Un tesoro digno de Argantonio” llegó a afirmar el arqueólogo que los estudió Juan de Mata Carriazo.

¿Por qué no?. Argantonio, el mítico rey, podría ser el arquetipo de la supuesta monarquía tartesa .  Una monarquía que culminaría una sociedad fuertemente jerarquizada donde ellos, reyes divinizados al estilo oriental, vivirían en palacios-santuarios en los que se llevarían a cabo, sin duda, sacrificios de animales, tal como demuestran los altares de sus patios.

Es más;  lo más probable es que estos monarcas o reyes, a imitación de los orientales, se harían rodear de leyendas que los entroncaban con los mismos dioses.

Y al considerarse imprescindibles para la subsistencia de la comunidad, eran ellos, los reyes, junto con sus élites, los que acaparaban las riquezas;  los que organizaban  el orden social,  los que daban leyes a su pueblo supuestamente inspiradas por los dioses y  los que las hacían cumplir con la ayuda de sus guerreros.

Es pues plausible la teoría que dice que aquellas joyas podrían servir  para engalanarlos.

Sin embargo una nueva hipótesis ha surgido recientemente.

Nueva tesis sobre la utilidad de las piezas del tesoro del Carambolo

Inspirada por  el Prof. Escacena de la Universidad de Sevilla, esta nueva tesis establece que lo que  hasta ahora se consideraban alhajas y concretamente pectorales de un rey tartesio, en realidad pudieron servir para engalanar la frente de toros en el momento de ser conducidos al altar de santuarios fenicios para ser sacrificados en ofrenda a sus dioses Baal y Astarté.

Por su parte las plaquitas de oro irían sujetas a las bandas que caen sobre el lomo de los animales,  y  los brazaletes y el collar serían utilizados como adornos de los supuestos sacerdotes oficiantes.

Teoría  que ha sido muy bien acogida por los museos arqueológicos, tanto por el de Sevilla, como por el Arqueológico Nacional de Madrid, pues en ambos, a pesar de ser eso, tan solo una teoría, y obviando la opinión de otros eruditos que no la comparten, la exhiben en sus paneles como cierta.

Sin embargo, la pregunta que nos ronda la cabeza es:  ¿Fueron realmente toros los animales más utilizados en las prácticas rituales de sacrificios tarteso-fenicios?

Sobre los sacrificios de animales.

La cuestión es que  el sacrificio de animales fue algo de lo más habitual en todas las antiguas culturas mediterráneas.

Y es que desde la más remota y ancestral antigüedad, al hombre no se lo ocurrió mejor idea para pedir favores a los dioses o aplacar su furia, que sacrificar otros seres inocentes con los que expiar las culpas propias.

Así que aquí, en nuestra tierra,  no iba a ser diferente.

La prueba de ello es que en los patios de los santuarios (o de los palacios-santuarios) excavados, se han encontrado altares que evidencian sacrificios a los que serían sometidos  animales de los más variopintos como ofrenda a sus dioses

El ceremonial sería preciso.  Los animales debían ir engalanados, entre otros adornos, con cintas sobre sus lomos (dorsuales) y/o rosetas en sus frentes, mientras la casta sacerdotal, ataviada especialmente para la ocasión, dirigiría las procesiones y cánticos de la gente  que iría acompañando a las víctimas.

Sin embargo…..

ÚLTIMO HALLAZGO. LAS CASAS DE  TURUÑUELO 

¡ Con el Turuñuelo hemos topado !

Recientemente excavado, se trata de una edificación de dos plantas que, si bien aún los arqueólogos no le han puesto nombre, por sus características parece ser tendría connotaciones sagradas.

Dos altares en los que se llevarían a cabo sacrificios de animales, hablan de ello. Tanto, como las piedras (betilos) encontradas a las que posiblemente también venerarían las gentes de entonces.

Pero lo sorprendente, según estos últimos descubrimientos,  es que no parece que fueran especialmente “toros” los animales preferidos por los tartessos para destinarlos al sacrificio. No. No eran toros.

Los animales preferidos por los tartesos para sacrificarlos a sus dioses eran los caballos.

Efectivamente, no uno ni dos ni tres, sino  53 caballos (junto con 4 vacas, 3 cerdos , 2 perros y 1 zorro)  son los que se han encontrado sacrificados en el Turuñuelo (Badajoz).

Sacrificios que según los arqueólogos Sebastián Celestino y Esther Rodríguez, parece ser fueron realizados  durante el último ritual sagrado con el que  supuestamente dieron por finalizada la vida de la edificación allá por el s. IV a C. (Seguidamente fue destruida  y  enterrada).

Así que no eran toros… 

 

 

Y mira tú por donde, también fueron 6 caballos, los sacrificados el día que clausuraron el santuario de Cancho Roano (Zalamea de la Serena- Badajoz).

Es más, de los objetos encontrados en Cancho Roano  destacan precisamente dos bronces: 

un bocado de caballo con forma de jinetes /caballos enfrentados ,  y una  figurita de caballo .

 

 

 

 

 

Y digo yo, ¿Dónde están los toros? 

 

 

ANIMALES EMBLEMÁTICOS DE LOS TARTESOS

EL LEÓN

No cabe duda, el león fue uno de los animales más representativos para tartesos, junto al ciervo, el águila y animales fantásticos como las esfinges.

Jarra de Valdegamas. Foto De Luis García, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1374428

Dos leones flanquean una figura femenina que  decora la jarra de Valdegamas ( Museo Arqueológico Nacional) hallada en D. Benito ( Badajoz)

Diosa Isthar sumeria sobre dos leones.

¿Podría ser la diosa  Astarté  Fenicia?. Podría,  porque  durante milenios esta Astarté fenicia, heredera de la Isthar sumeria fue frecuentemente representada junto a leones.

¿Y qué decir del león que aparece luchando con un “héroe” en la placa del cinturón del tesoro de Aliseda?.

¿ O el que aparece grabado en una plaquita de marfil encontrada en la necrópolis de Bencarrón luchando también con un hombre?.

 

Héroe luchando con león en placa del cinturón del tesoro de Aliseda

 

Lucha de héroe con león en plaquita de marfil de la necrópolis de Becarrón.

Decir que estas luchas de héroes con leones y/o con toros llevaban milenios representándose en las antiguas civilizaciones nacidas en el Oriente Próximo (zona del levante Mediterráneo, Siria, Palestina, Líbano… Irak) . Por lo que  no nos indican nada nuevo de nuestros ancestros,  ya que fueron precisamente los fenicios los que las trajeron consigo cuando se establecieron en nuestras tierras.

Más leones…

Esculturas de leones, muchos leones podemos ver en la sala dedicada a los Turdetanos (herederos de Tartessos) en el Museo Arqueológico de Sevilla.

En este caso se trataría de leones protectores de tumbas, defensores de ilustres difuntos.  Una función apotropaica ( aleja el mal)  que también desempeñarían esfinges y toros. Porque toros, haberlos, también habíalos en Tartesos,  aunque en menor abundancia que  leones.

Leones en la Sala de los turdetanos en Museo Arqueológico de Sevilla

Así que seamos honestos y miremos los toros  de nuestros antepasados tartessos.

(Recordemos que tanto las figuras de leones, como las de toros, así como la de otros animales fantásticos, fueron introducidas por los fenicios, cuando éstos llegaron a nuestras costas allá por el año 1000 aC. y comenzaron a interactuar con los nativos).

 

EL TORO

Para que no me digan que estoy inventando “historias” , voy a dejar aquí algunos estudios de eruditos que nos hablan de cómo eran los toros representados en el arte  tarteso y de dónde venían.

Así en Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, podemos consultar la obra de J.M. BLÁQUEZ:  “Temas religiosos en la pintura vascular tartésica e ibera y sus prototipos del próximo oriente fenicio” .- LVCENTVM XVII-XVIII, 1998-1999 .-

http://www.cervantesvirtual.com/obras/materia/976/Cer%C3%A1mica%20ib%C3%A9rica/1

Y en Revista de Estudios Taurinos nº 18 :

1.- M. Almagro-Gorbea; pags. 19-50,  “Una escena de tauromaquia tartésica.- Contribución al origen del rito de los toros- “

2.- Jorge Maier:pag 51-80 “Imagen del toro en Tartesos

 

Sí, creo que ha sido una buena idea. Para entrar en vereda, nada mejor que instruirnos con los estudios de los eruditos aludidos arriba, pues a través de ellos podremos comprender las indiscutibles influencias traídas desde el  Mediterráneo Oriental por los mercaderes fenicios a nuestra tierra.

(Influencias que podemos observar, entre otras muchas, en la decoración de cerámicas, marfiles u otros objetos decorativos  del mundo tartésico)

Así, nos cuenta el Sr. Blázquez,  que los motivos decorativos que comenzaron a popularizarse a partir del VII aC en el mundo tartésico se  basaban en prototipos orientales  (fenicios, de Chipre, de Creta, … de Etruria.., ).

Tanto los de aquellos animales fantásticos (grifos y esfinges) que aparecían caminando en procesión en grandes vasijas (como  la encontrada en Carmona), como los de  palmetas, o  las  escenas de luchas de héroe con león que ya hemos visto…

Trozo de cerámica hallado en Lora del Río , donde se puede apreciar , detrás del animal fabuloso, la cabeza de un toro que huele una flor. ( Museo Arqueológico de Sevilla)

Junto a ellos, comenzarán a verse por nuestra tierra (desde entonces) figuras de toro. Pero para nada de toros agresivos, sino todo lo contrario; toros tranquilos, como el que aparece en CERÁMICA DE LORA DEL RIO (Sevilla), donde lo podemos ver oliendo una flor, detrás de un animal fabuloso. 

Es más, el mismo estudioso lo dice: el motivo de Toros oliendo flores  es frecuente encontrarlo en la pintura de vasos de Chipre y Creta. Del mismo modo que  las  filas de toros las podemos ver en la decoración de platos  fenicios y cretenses.

Está claro pues: Leones, Grifos, esfinges y toros fueron los animales preferidos por los artesanos fenicios de este periodo para decorar  todo tipo de objetos.  Pero, que no te líen,  no eran nuestros, no los idearon nuestros ancestros. 

Es más, pasando ya al mundo de los íberos ( concluye este eminente historiador) algunas composiciones de las pinturas de las cerámicas halladas en el  levante español (Liria, Alcudia, Archena..),  responden a prototipos traídos a Occidente por los Fenicios.

(Textualmente: “Algunas composiciones en la pintura vascular ibera responden, muy probablemente, a prototipos traídos a Occidente por los Fenicios”).

Así,  que no hay nada que objetar.

Por su parte,  el estudio de D. Martín Almagro-Gorbea en Revista de Estudios Taurinos nº 18 páginas 19-50,  “Una escena de tauromaquia tartésica.- Contribución al origen del rito de los toros- “, se centra en los motivos decorativos que aparece en marfiles fenicios.

Concretamente en la  placa de marfil hallada en la  necrópolis tartésica de Medellín (Badajoz), donde aparece la figura de un héroe (que el profesor identifica con el dios Melkart fenicio) revestido con piel de león y luchando con un toro.

(Nota: estas placas de marfil servirían para decorar muebles u otros objetos suntuarios)

Lo que no llego a entender es la relación que hipotéticamente pudiera tener esta escena con nuestra tauromaquia, pues aquel enfrentamiento de héroe con toro ( o con león)  no era extraordinario.

Simplemente representaba la mítica lucha de héroes o semidioses con toros y/o leones ya comentada mas arriba y  en “Conclusiones Importantes“.  Una escena que venía repitiéndose desde hacía milenios en  el Próximo Oriente. (Concretamente desde el III milenio a.C.)

Es más, este estudio certifica que fue a través de los fenicios cómo llegaron a nuestra tierra los mitos y gustos  orientales….  y concretamente las representaciones de las luchas de héroes con toros.  Y también con leones, como  ya hemos visto.

Visto lo visto, lo que no llego, pues, a entender es que quiere insinuar el Sr. Almagro-Gorbea  cuando habla de “Contribución al origen del rito de los toros ”  en su artículo.

 

 

Y por si alguien aún duda de que las representaciones “toreriles” en nuestra tierra no son muestra de los gustos de nuestros primitivos ancestros, ni tienen nada que ver con nuestra tradición taurómaca,  dejo aquí también las conclusiones extraídos del estudio del historiador Jorge Maier en la misma Revista de Estudios Taurinos nº 18. Míralo en pag. 51-80 “IMAGEN DEL TORO EN TARTESOS”.

Y es que pienso que aún habrá quien para creerlo, tiene que verlo.

Ver que fueron los fenicios lo que introdujeron los iconos taurinos en nuestra tierra  a partir del s. VIII a.C.  tal como nos lo vuelve a decir  el Sr. Maier.

Así es. Del mismo modo que sus colegas, nos habla este Sr. de la imágenes de toros en Tartesos, apuntando en primer lugar a los marfiles fenicios hallados en nuestra tierra.

Y en ellos encuentra, como no podría ser de otra forma, aquellos animales fabulosos que tanto gustaban a los orientales: esfinges (cuerpo de león con alas y cabeza humana), águilas, leones, grifos (medio águila medio león) …y torosToros caminando en procesión junto con palmetas y  flores. Escenas de toros atacados por leones. O toros tumbados.

Atacados por leones aparecen en  placas de marfil halladas en la necrópolis de Bencarrón  (Mairena del Alcor). Y así aparecen también los toros en tapaderas de  algunos “quemaperfumes” como el hallado en La Lagartera (Cáceres), mientras otros aparecen están en posición echada con boca abierta y lengua fuera.

Nota:   Las representaciones de leones atacando toros llevaban milenios apareciendo en decoraciones de objetos de  las antiguas civilizaciones del Mediterráneo Oriental  (Concretamente desde el tercer milenio a.C. (vasos de piedra de Uruk )).

 

Así que toros atacados por leones… y toros tumbados…  Ya.   

Las imágenes de toros en Tartesos están  resultando muy curiosas.

Este dibujo lo hizo Jorge Bonsor ( el arqueólogo que los estudió) pero el cuernecillo se lo he puesto yo.

Pero para curiosa, la escena que aparece en otro de los marfiles hallados en la necrópolis Cruz del Negro.- Carmona, (Sevilla), donde se ve a un pacífico toro oliendo flores… como ya había comentado el Sr. Blázquez.

Muy agradecida estoy de verdad a todos estos eruditos por haberme ilustrado con sus conocimientos.

Cerámica orientalizante con motivos de toros . En museo arqueológico de Sevilla.

Es más, el Sr. Maier no sólo nos habla en su estudio de los toros atacados por leones, los que se detienen a oler flores o los que se echan para descansar,  aparecidos en marfiles y objetos litúrgicos , sino que  también de los hallados en las decoraciones de la cerámica orientalizante .

Sigamos  aprendiendo pues.

Así es. En  uno de los tinajas pintadas (pithoi )encontrados en el santuario de Montemolín (Sevilla) un toro marcha en procesión acompañado de los ya aludidos grifos (animales fabulosos mitad águila-mitad león).

Trozo de cerámica encontrado en Lora del Río con toro oliendo una flor.

Y en otro trozo de cerámica hallado en Lora del Río se distingue, además de una parte de toro y un grifo, la cabeza de otro toro ….oliendo una flor.

Eso sí que es una muestra de la bravura de nuestra ganadería. ¡ Sí Sr.!

Copio del Sr. Maier: La representación del toro como animal dañino es excepcional y en la Península, de momento, inexistente”.

Toro de Porcuna

Pero no queda ahí la cosa. Para terminar, en el estudio del Sr. Maier se hace alusión a la escultura del llamado Toro de Porcuna, otra muestra más de nuestros “ancestrales toros bravos”.

Datada en el s. VI a C., el animal aparece igualmente echado.  Postura que luego adoptarán también los múltiples toros de los monumentos funerarios de las élites guerreras de los iberos.

No cabe duda. Son representación de  toros mansos, cuya función era la de proteger a los difuntos como veremos con más detenimiento en el capítulo dedicados a ellos.

Resumiendo  toros en Tartesos.

Según Sr. Maier  (Revista de Estudios Taurinos nº 18) fueron 4 los tipos de imágenes de toros que introdujeron los fenicios en nuestra tierra:

  1. Atacado por leones
  2. Oliendo flores en actitud relajada y entorno paradisíaco
  3. Echado, tal como aparece en los quemaperfumes de pie de bronce
  4. – Toro de Porcuna, función protectora de tumbas.

Curioso sí.

Y digo yo: ¿ Dónde están esas bestias salvajes ávidas de embestir al primero que se ponga por delante?.

Antes de seguir,Recapitulemos :

1.- Los fenicios transmitieron a las gentes de nuestra tierra, y concretamente a los tartesos, además de los gustos orientales y sus motivos decorativos,  los cuentos y leyendas que pululaban por Oriente. Concretamente aquellas que hablaban de luchas  de superhombres o héroes con los más temibles animales (leones y toros salvajes),  de los cuales adquirían, tras su derrota, los atributos con los que luego se revestían ( recuerda la piel de león con la que se revestían los héroes..).

2.- Estas luchas mitológicas y gustos orientales serán asimiladas más tarde por las tribus iberas. Las cuales seguirán repitiendo estos motivos. De hecho los veremos plasmados  en  escenas dibujadas en sus cerámicas.

 Así lo hicieron en los famosos vasos de Liria (Valencia) donde aparecen representadas las élites, luchando y cazando, o danzando. En uno podemos ver la curiosa escena de un héroe (que según el  historiador  Almagro-Gorbea podría ser asimilado con el Herakles griego)  sacrificando un toro con un hacha ( en pag 39 de Revista de Estudios Taurinos nº 18 ).

Nota: recordemos que las luchas con toros salvajes fueron protagonizadas tanto por el Gilgamesh sumerio, el Merkart fenicio, y Herakles griego (también Teseo contra toro de Maratón ).

Así que admítelo, la decoración  de la cerámica que fabricaron los iberos, como  la de los famosos vasos de Liria, fue realizada  bajo la influencia de los colonizadores fenicios y griegos.

Que nos sigan hablando de ellas, y concretamente de sus motivos “taurinos”, como si de un producto genuinamente autóctono se tratara es menospreciar la capacidad intelectual de los españoles.

Pero esta es otra historia.

Y ahora pensemos. Todo lo visto hasta ahora está muy bien, pero ¿sabemos quienes habitaban nuestra tierra antes de la llegada de los Fenicios?, ¿Eran toreros?. 

Antes de la llegada los fenicios, nuestras tierras no estaban deshabitadas. No.

Por supuesto. En ellas vivían individuos aborígenes anclados en la Edad del Bronce. De esta época son los poblados fortificados que se han encontrado en distintos lugares, y en los que vivirían las comunidades en familias, sometidas, seguro, a la dirección de un élite guerrera que acaparaba la riqueza.

Sobre sus creencias, seguirían venerando ( como lo venían haciendo desde el neolítico) a  las fuerzas de la naturaleza, a las piedras ( betilos), a lugares especialmente sagrados,  y sobre todo  a los astros ( el sol, la luna, venus..).

De hecho, estas gentes no olvidarían fácilmente sus cultos ancestrales, y los continuarían practicando después de la llegada de los fenicios.

Si bien poco poco fueron  asimilándolos o mezclándolos con los de los dioses introducidos por los orientales.  (De ahí que Avieno en su “Ora Marítima” recordara cómo cerca de Málaga había una isla sagrada dedicada a la luz nocturna (Noctiluca), y que  un  santuario levantado cerca de San Lucas de Barrameda había sido  dedicado a la “Lux Divina”).

No pudo ser de otra manera, como consecuencia de las influencias orientales recibidas, poco a poco irían adoptando los nativos el culto a las nuevas divinidades.

Así, el sol, posiblemente sería asimilado al culto a Melckart, el dios patrono que los colonizadores habían traído de su ciudad, Tiro; al que los fenicios habían levantado un templo en la isla de Santi Petri  (Cádiz) para que los navegantes pudieran pasar por allí a pedirle favores a cambio de sacrificios.

Nota sobre Melckart: En principio, considerado dios de la vegetación y la fecundidad, destacaba entre sus rituales aquellos que rememoraban su muerte y resurrección. Pero también era una divinidad marina, protector de los navegantes  y  fundador de ciudades.

Del mismo modo, también  quedarían mediatizados nuestros ancestros por aquellos otros santuarios levantados por los fenicios donde se daba culto a su sanguinario dios-toro Baal (al que relataban que se sacrificaban también personas y sobre todo niños), y a su pareja Astarté (aquella diosa-madre derivada de la mesopotámica Ishtar). Diosa asociada a la luna, a la naturaleza, a la vida y la fertilidad, al amor y a los placeres; la que los Cartagineses rebautizaron como Tanit,  y los griegos la adoptaran  en parte como Afrodita (y en parte como Démeter); la misma que más tarde  los romanos asimilarían a Venus (el lucero del alba).

Y a Astarté,  se la representaba  a menudo, además de con  flores de loto, luna o palomas,  acompañada de  un león.  (El león, no lo olvides, el león).

 Y es que efectivamente a los tartesos, como a los fenicios, les encantaban como ya hemos visto, más que los toros,  los leones.

DESTRUCCCIÓN / DESAPARICIÓN TARTESOS

Y tras llevar siglos recibiendo influencias del Oriente Mediterráneo, tanto fenicias como griegas, la civilización tartesa desaparece repentínamente allá por el  500 aC, quedando su final ensombrecido por la duda de las causas que la motivaron.

Hay quien dice que su hundimiento sería paralelo a la ocupación en el 573 a C de la ciudad fenicia de Tiro por parte del babilonio Nabucodonosor II.

Sin embargo, según los últimos hallazgos, como el del Turuñuelo,  la cultura tartesa no se extinguió definitivamente en el s. VI aC. Parece ser que a partir de entonces sus gentes se desplazaron desde las poblaciones del Valle del Guadalquivir a la zona del Valle del Guadiana (Extremadura) donde pervivieron  un par de siglos más.

Es más, Tartesos no murió nunca, pues esta civilización continuará como cultura turdetana en el sur, y  de ella luego surgirá   el mundo ibero.

Efectivamente,  fueron estos tartesos los que influenciaron a su vez culturalmente a las poblaciones indígenas vecinas con las que habían  mantenido durante siglos contactos y relaciones comerciales.

Nota:  A partir del s. VI a C en las múltiples tribus de íberos vecinas (que habían recibido ya influencias de aquellos tartesos) comenzaron algunos  de sus listillos guerreros a tomar el mando y el poder de sus comunidades. Y como sus refinados vecinos tartesos, se hicieron envolver en ese halo de divinidad que tanto les gustaba a los orientales.

Fue entonces cuando surgieron en el sur y este peninsular ciudades-estado, oppidum, que derivadas de los poblados argáricos, fueron gobernadas por reyezuelos divinizados amparados por sus élites guerreras y seguro que hechiceros o adivinos.

Y dado que las luchas y enfrentamientos de unas tribus o pueblos con los vecinos nunca se habían detenido, emplazaron sus ciudades fortificadas en las cima de colinas con el fin de tener mayor visibilidad y mejor defensa. Fue así como nacieron a partir del s. VI a C los Oppidum íberos en los que sí vamos a encontrar representaciones de toros, aunque ya te diré yo de qué manera.

Pero mientras esto ocurría en el sur y este de la península, ¿Quiénes se movían por el Centro, Oeste y Norte peninsular?.

Si acercamos la lamparita veremos ya asentadas o en proceso de asentamiento  en aldeas o poblados a las  familias, clanes o tribus procedentes de Europa que durante siglos habían vivido como nómadas. Gentes, portadoras de una cultura e ideología, costumbres y tradiciones totalmente diferentes a las mediterráneas… Recuerda a los celtas.

Pero primero… sigamos investigando  a nuestros ancestros iberos, a ver si entre ellos encontramos algún atisbo de vena taurina.